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Soy y seré lo que tú quieres que sea

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Soy y seré lo que tú quieras que sea. Soy y seré lo que quieras creer de mí, lo que emita tu juicio de valor, tu sesgo y tu ideología sentimentalista y poco analítica. Soy y seré lo que tú quieras que sea, pero más importante es que soy y seré la persona que yo, como individuo, quiero ser.

Resulta que llevo un tiempo siendo una cosa para los de un bando y la opuesta para los otros. Déjame que me explique.

Soy Celia, Celia para todos. Liuski para algunos, Celiak-47 para otros. Soy Celia y me defino como una liberal (sin el prefijo neo-) adscrita a las corrientes precursoras de este movimiento (la de Smith y Stuart Mill)

Pero claro, denominarte a ti misma liberal en pleno siglo XXI tiene ese je ne sais quoi del cual sé mucho. Vienen los prejuicios y las palabras que hemos conseguido que se vacíen de significado.

Para algunos, quizá para ti, soy una neofascista opresora de los desamparados y desafortunados que no han tenido los privilegios o la suerte con la que he nacido. Y, para otros, soy una roja.

Te vuelvo a decir lo mismo: soy y seré lo que tú quieres que sea, solo porque lo importante para mí es saber cómo soy yo.

Resulta que, en mi ejercicio de libertad, considero que es un privilegio poder elegir hacia dónde muevo el dinero que gano por trabajar.

Me encanta distribuir mi dinero en tiendas o comercios online locales. Me compro la ropa en la tienda del pueblo, le pido los libros a la librera de confianza del barrio y cada vez que puedo, me voy al pueblo de al lado a cenar al bar que llevan mis amigos y me pido el pollo a la brasa que tan bueno y que con tanto amor hacen.

Eso no quita que algún día, por comodidad o por urgencia o por casualidades de la vida, tenga que pedir algo en Amazon o me tenga que ir a una hamburguesería en la que no soy Celia, sino el número 569, aunque nunca es mi primera opción.

Y me parece una puta locura que por tener este modus operandi unos digan X y otros digan Y. Porque he recibido todo tipo de comentarios.

Estoy a favor del liberalismo económico, pero no concibo la vida sin un mínimo de intervencionismo del Estado —si bien creo que vivimos en uno que falla y nos folla a todos por el culo—.

Debe haber una calidad excepcional en los servicios de sanidad, educación, transportes, vivienda, etc. y una mínima regulación que asegure que, vengas de donde vengas y partiendo desde cero, con tu esfuerzo puedas alcanzar tus objetivos.

Porque, sorpresa, en esta vida nada viene envuelto en papel de regalo de la Patrulla canina y hay que esforzarse mucho, muchísimo, para ir escalando.

No odio a la tía (o al tío) que ha sabido hacer pasta. De hecho, me parece digno de admiración levantar una empresa desde cero.

He visto a gente a mi alrededor de domingo a domingo en la oficina, trabajando de sol a sol sin vacaciones. Los he visto dejándose la piel y las neuronas por escalar su negocio y con quinientas pestañas de Excel abiertas para asegurarse de que al final de mes los que estaban con ellos pudiesen cobrar.

Hostia, menuda fascistada acabo de escribir para muchos.

Pero odio a Vox. Los odio. También odio al PP.

Menuda roja de mierda, estarán pensando algunos lectores.

Y lo es que también odio al PSOE , a Podemos , a Junts , a ERC, a EH Bildu y a todos, en general.

Joder, esto suena demasiado facha otra vez.

Odio a las élites porque estas solo quieren más y más poder. Y que el poder se reúna en unos pocos «elegidos» y que se les suba el ego a la cabeza no es bueno para una democracia real.

Y creo que la política es un «gracias al pueblo, pero no para el pueblo».

No voto porque en mi derecho también es el no participar en un sistema en el que dejé de creer mucho antes de que me dejaran tomar una decisión sobre el futuro de mi país, aunque he tenido que escuchar a mujeres decirme que eso es un acto machista por mi parte.

También odio lo que le han hecho a Madrid, una ciudad que recibió a miles de españoles que se veían en la necesidad de prosperar hace más de medio siglo se haya convertido en una ciudad de extranjeros cosmopolitas que cobran el salario de centroeuropa me parece de todo menos humano.

Y tampoco creo, por ejemplo, que lo mejor sea una migración descontrolada y masiva. Creo mucho en las palabras que decía el empresario barcelonés, originario de Ghana, Ousman Umar, quien defiende que la educación y el acceso al conocimiento es una de las herramientas más poderosas para combatir la pobreza, reducir las desigualdades y ofrecer oportunidades reales a los jóvenes del continente africano.

También considero que vivimos en la era de la deshumanización, y lo hemos podido comprobar con el caso Mari Carmen, una señora de 87 años a la que han echado de la casa en la que estuvo viviendo durante 70 años de su vida.

Podría ponerme a profundizar sobre las píldoras que estoy dejando, bastante inconexas —aparentemente— , a lo largo de este manifiesto particular, pero este artículo no va sobre todo lo que no funciona.

Para poder hablar sobre ello, necesito una buena dosis de cafeína e ir punto por punto para hacer un análisis exhaustivo de todo el recorrido vital y causal de todos los factores que han hecho que no sepa a ciencia cierta si soy una neofascista o una roja.

Pero hoy, por el momento, solo quería decirte soy y seré lo que tú quieras que sea.

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