De tanto pensar, me rompo

Escrito por

·

Darle vueltas a la vida. A las cosas. Al cosmos. Nada fuera de lo normal.

La Tierra tarda 24 horas en dar una vuelta sobre ella misma y, a su misma vez, tarda aproximadamente 365,24 días (365 días, 5 horas, 48 minutos y 46 segundos) en completar una órbita alrededor del Sol.

Después está ella y él; estáis vosotros y también estás tú. Y también estamos nosotros, ellos y yo. Dándole vueltas a la vida. A las cosas. Al cosmos.

Estoy en la misma sala con mi madre. Ella está viendo una película cuyo título desconozco. Quizá sea para no dar tantas vueltas.

Mientras tanto, yo me dedico a escribir. Escribo porque no soy lo suficientemente valiente para hablar. Siempre me ha dado miedo, pudor o vergüenza.

¿Quién en su sano juicio quiere escuchar la de vueltas que da mi cerebro?

Así que en vez de lanzar la pregunta en voz alta. Escribo. Y, en vez de buscar respuestas dando todas y cada una de las vueltas que sean necesarias, le pregunto a ChatGPT: «¿Por qué le damos vueltas a la vida?».

Me conoce demasiado bien como para no acertar en la respuesta que me tiene que dar. Me dice: «Tu cerebro no está diseñado para “dejar las cosas en paz”. Está diseñado para anticipar, predecir y protegerte. Y ahí empieza todo».

Así que ahí están él y ella. Ellos. También nosotros y vosotros; y, lo más importante, aquí estamos tú y yo, sin dejar las cosas en paz, intentando protegernos de todo, de todos.

Tengo preguntas más. Sé las respuestas. Sé que decirlas en voz alta me van a hacer más débil, más vulnerable, un blanco fácil. Si saben a qué le doy vueltas, me van a hacer daño.

Por eso, vuelvo a preguntarle al sabelotodo que poco sabe lo que quiero expresar en este mismo instante, pero responde todas mis dudas.

¿Y si no paramos de dar vueltas, errantes, por el origen de todo mal: el miedo?

Miedo. Miedo. Miedo. M-i-e-d-o.

No me gusta la explicación que da. Es demasiado sensiblona. Yo ahora no quiero seguir llorando, lo único que quiero es una explicación lógica a por qué estoy dándole vueltas a la cabeza.

Me dice que en psicología esto tiene un nombre: rumiación.

En presente del indicativo sería:

Yo rumio, tú rumias, él/ella rumia, nosotros rumiamos, vosotros rumiáis, ellos/ellas rumian.

Nosotros somos todos. ¿Sobre qué rumias tú?

Sigo leyendo la respuesta. En el bloque dos me dice que cuando el cerebro detecta incertidumbre, este activa sistemas de vigilancia, aumenta el procesamiento cognitivo e intenta anticipar escenarios.

Llevo semanas siendo como Dr. Strange, de Marvel. Contemplando todos los posibles futuros. O dándole vueltas a la cabeza.

Dice que pensar más se traduce como intentar reducir la incertidumbre. El verbo clave es intentar. Ya te digo yo que no se reduce.

Sigo leyendo. ChatGPT me habla sobre el miedo en la neurociencia, la amigdala cerebral y un red que se activa cuando estás aburrido y sigues dando la vuelta por el punto en el que la dejaste.

Me da una mala noticia. Bueno, sería mala si la desconociese. Pero esto no es mi propio descubrimiento de América.

Tolerancia a la incertidumbre.

En negrita, para la que lo vea bien.

«Muy estudiada en ansiedad:

  • El cerebro prefiere una mala certeza que una buena incertidumbre
  • Cuando no hay respuesta clara, aumenta la rumiación».

Sigo haciendo preguntas. Supongo que es porque le estoy dando vueltas y no paro. He decidido hacerle la pregunta clave. La que me acompaña noche y día, mientras la Tierra da vueltas sobre sí misma y gira alrededor del Sol.

Obtengo respuestas, pero no consuelo. Nada me consuela cuando sé que lo que falla es el miedo. Pero tengo miedo a fallar.

Deja que le dé una vuelta más… que de tanto pensar, me rompo.

Deja un comentario